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El jardín de mi casa tiene 4 árboles de olivos cuya edad oscila entre los 70 y 80 años, los jardines de mis dos vecinos albergan 8 y 9 respectivamente y las áreas comunes tienen otros 8 árboles.

Decidimos cosecharlas con la ayuda experta de una campesina anciana dueña del "frantoio". En total recolectamos 607 Kilos de aceitunas. Ayer me tiré la pera de la oficina en la tarde, porque teníamos cita con el "frantoio" (factoría que procesa aceite de oliva) a las 15.00. El  "frantoio" se encuentra en el pueblo de Monteporzio y este local es uno de los "nuevos", porque solo tiene 81 años de existencia.

Llegamos con nuestros sacos de yute, juntos con otras personas, que al igual que nosotros, habían cosechados sus aceitunas. Había de todo, desde el campesino con olor oveja, al empresario con su Jaguar paqueado afuera. Toneladas de aceitunas por doquier pasaban en cestas, sacos, cajas de plástico, todos esperando su turno, todos comparando sus aceitunas con las del vecino.

El proceso de producción es relativamente simple:

Las aceitunas vienen separadas de sus hojas y ramas por una maquina vibradora.

Vienen transportadas por una faja a un especie de contenedor y molidas por dos ruedas de piedra que giran.

La pasta triturada de aceituna (y pepa) viene esparcida en unos discos de plástico tejido.

Estos discos (con la pasta) vienen colocados en forma vertical formando una especie de torre.

La torre con los discos vienen puestos debajo de una prensa (hidráulica).

Se comienza a escurrir el jugo de la pasta hacia un contenedor en el  fondo.

Cuando la presión llega a 400Kg/cm2 se desconecta.

Esta especie de jugo y sedimento viene centrifugado, dejando escurrir el verdoso y viscoso aceite "extra vergine di olivo". Al final colectamos 77 litros de aceite.

Ahora viene lo bueno. Mientras hablábamos con la señora sobre las virtudes del aceite de oliva, se prendió una fogata en la chimenea, salió el pan campesino (esos moldes redondos con un diámetro de casi 70cms). Fue cortado y puesto sobre el fuego junto con unas salchichas de "cinghiale" (jabalí). Pasado unos minutos salió el pan dorado, se le frotó un diente de ajo, unas gotas generosas de aceite de oliva (apenas recolectado), sal , un poco de queso de cabra, y vino blanco de Frascati...

Está demás decirles que fue una empachada majestuosa junto con el dueño del Jaguar y el campesino que olía a oveja. Aún se me hace agua la boca al recordar mi experiencia al "frantoio"

Michael Conroy
23 de noviembre del 2001