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Venía esta noche conduciendo de regreso a casa y escuchando un programa de música "revival", cuando de pronto emitieron una canción que me trajo a la memoria un programa de televisión que seguro todos recordamos. Por que marcó época y por que era recontra pacharaco.

El programa en cuestión se llamaba "Música en el Aire" y era emitido por Panamericana Televisión. Su franja horaria entre las 8 y las 9 de la noche. Puntualmente, cada martes. Los responsables de Canal 5 pensaron que faltaba un programa diseñado especial y exclusivamente para la "muchachada", para la gente joven. Si era de música, mejor todavía. La música era el "gancho", según pensaron. Se equivocaron. El "gancho" verdadero eran las pachas que allí aparecían. Recontra pachas. De escándalo. Pendejas. Tipo ladies night del "Reflejos"... Extra motor-oil.

Allí estábamos todos, cada martes a las ocho, frente a la pantalla de televisión. En blanco y negro. Pero esta dualidad de colores aumentaba nuestra libido. La imaginación y arrechura desbocadas. Los primeros e inconfundibles compases de "What a Difference a Day Makes" (canción pacharaca) y de "Love is in the Air" (otra canción pacharaca) nos indicaba que las erecciones estaban a punto.

De pronto las imágenes esperadas desde hacía una semana. Las siluetas con fondo negro en primer lugar, el grácil contorneo de las "go-go´s" a plena luz después, era la señal. Allí estaban ellas, pachísimas, pendejas, ricas, en sus pequeños módulos redondos de baile. Bailando y provocando. Las cámaras mostrando picarescamente, sus contorneos, sus atributos (léase ricos pechos y traseros). Las pendejas nos las ponían durísimas. Con los polos y pantalones apretados al máximo. Puestos con calzador. Reflejando lo que había. Lo que nuestra imaginación quería que hubiese.

Con el paso de las semanas, se crearon comitivas que se presentaron en las puertas de Panamericana. En la avenida Arequipa. El fin no podía ser otro. Era tentar la posibilidad de "levantarse" a las "modelos" del programa. Nos tuvimos que contentar en la mayoría de casos con levantarnos a muchas de las pachas que asistían en directo a ver la emisión. Hacían cola afanosamente en la calle lateral. Había que llegar temprano, ya que el aforo era limitado.

Allí entrábamos en acción. Las que se quedaban fuera, por falta de espacio, eran "presa" fácil de las aves de rapiña (léase nosotros y otros buitres ocasionales).

La mayoría de veces terminábamos chupando chelas en "El Suizo" de la Herradura o directamente filosofando... en la oscuridad de la Costa Verde. La desgracia era que había que volver temprano a casa. Las pachas que bailaban, las que queríamos pescar, estaban fuera de nuestro alcance, lamentablemente. Pronto descubrimos que nuestro deseo era compartido por gente de más de veinte años (nosotros muy chiquillos por entonces) con mejores coches y más guita en el bolsillo. No teníamos opción en este caso. Las rucas del show lo tenían claro. Pronto las vimos veraneando en el "Waikiki" y/o en el "Samoa", acompañadas por viejos pendejos. Las fiestas que se deben haber pegado con ellas estos...

Pero nunca olvidaremos (al margen de los videos de Peter Frampton, Eagles, Stones, Wings, etc, que presentaban en exclusiva), una noche en que llegó lo hasta ese momento nunca visto en la televisión limeña. El programa se emitía en riguroso directo, no era grabado, con lo cual no había mucho margen de maniobra para corregir.

Aquella noche, a los presentadores del programa, se les ocurrió regalar algunos ejemplares de un disco que se presentaba en primicia. Empezaron a repartir aleatoriamente los ejemplares (no muchos) entre los asistentes, cuando de pronto, un personaje irrumpió entre el público y después de quitarle los anteojos al presentador y tirarlos en medio del plató, se cogió la mayoría de unidades.

Esto desembocó en una auténtica batalla campal. Todos a por los discos y a por el pendejo que los había cogido a la fuerza. El desmadre era tal (la gente abalanzándose unos sobre otros, metiditas de mano aprovechando la coyuntura...), que los responsables optaron por poner en imágenes, un pequeño aviso (típico) que leía escuetamente:

"Disculpen las molestias. Problemas técnicos
ajenos a nuestra causa. Enseguida volvemos"

Parafraseando el final de "Gallinazos sin Plumas", podría decirse que tras ese cartel se "oía el clamor de una batalla"... La gente estaba a puñetazo limpio, el descojone. Nunca olvidaremos ese peculiar episodio de nuestra ingente televisión de entonces. Estos acontecimientos fueron largamente comentados en el ómnibus camino del colegio, y una vez allí, mucho más aún. Lo de las pachas que bailaban, siempre fue un tema recurrente, inagotable. Oral y manualmente... Al escuchar esta noche la canción antes citada, no pude evitar que estos recuerdos me invadieran otra vez. La morena de la izquierda. La rubia "al pomo" que bailaba adelante y al medio. Rico, rico. Era "Música en el Aire".

Sandro Castagnetto
13 de noviembre del 2001